Primera Parte de Penumbra (I)

La ciudad de Cartagena ganaba mucho prestigio al ser las fiestas de Cartagineses y Romanos, en donde, cada año los cartageneros caian por el puente del Cartagonova como cada año, como en cada cartagineses y romanos. Un grupo de los innumerables que asistian al botellón, el cual se realizaba en el parking del campamento festero, iba en aquellos instantes con bolsas del mercadona portando botellas de Vodka, Martini, y otra bebida con algún grado de alcohol. Un machacho de aquellos diez amigos era el que más llamaba la atención su nombre era Adrian. Tenía una edad comprendida entre los diecisiete y dieciocho años de edad, pelo rubio, ojos verdes, y con notificación muscular abundante. El muchacho se fijo en una chica de pelo moreno y ojos marrones de nombre Sandra, que tenía la misma edad que Adrian.

– Sandra ¿Podemos hablar un momento mientras nos damos un paseo por las casetas? -quiso saber Adrian

– Por supuesto…-

– Gracias –

– ¿Porque? –

– Porque me has dejado hablar contigo –

Sandra, un poco extrañada, acompaño al muchacho a las casetas de influencia adulta. Algunas tropas cartageneras tenían una musica más sonora y más electonica que en las casetas del foro romano. Adrian y Sandra estaban paseando por entre el mar de civiles que se paraban para ver cada caseta.

– Sandra, he querido hablar contigo, porque tengo algo que confesarte. –

– ¿Que me tienes que decir? -dijo la chica posandose en un pie.-

– Desde un par de días mi corazón se zanbuyo en un mar gelido y helado. Hasta que descubri que el sintoma que me estaba pasando es que me gustas Sandra. Desde que te vi por primera vez pude sentir que algo de mi te queria, por eso hoy quisiera pedirte salir. –

– Adrian, yo, es que, ya tengo novio…pero no te preocupes que tarde o temprano encontraras a alguna…bueno Adrian me voy con los demás- fue la escueta respuesta de la chica.

– Entiendo…si lo se…bueno nos vemos mañana -dijo Adrian pesadumbrado.

Adrian se quedo en blanco al recibir la noticia. Este volvio a casa con los brazos en los bolsillos esperando al menos que alguien de sus amigos preguntara por él. En la calle del carmen, un anciano, estaba en el mismo banco en donde la escultura de la escritora Carmen Conde reposaba. El muchacho paso de largo pero algo le hizo retroceder.

– ¿Eres Adrian? -pregunto el individuo

– Si, soy yo, -respondio friamente el chaval -¿Quien es usted? –

– Alguien te conoce como eres. Ha llegado el momento de que sepas tu verdadera historia.-

– ¿Mi Historia? –

– Si, tú historia, la historia por el cual eres diferente al resto de la raza humana, eres un mago…-

CONTINUARÁ….

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