El laberinto de las letras.

Todo está oscuro. No sé ve nada, ni se oye nada. Las letras están pero no las veo. Sólo me aprisionan en mi propia celda. Las letras trazaban ante mí figuras oscuras. Estoy sólo. Ellas me persiguen, nadie puede hacer nada, salvo leer. Las letras pasan delante de mí a tal velocidad que pierdo la noción del tiempo. Media hora, una hora, dos horas…parece que los relojes han desaparecido, que el tiempo ya no existe, solo existen las letras y el libro. Nada impide que termine de leer. Me pica la curiosidad. No podré saber quien ha matado al personaje, si sigo leyendo sabré la respuesta, si dejo de leer, no sabré la respuesta hasta el retorno de la lectura, pero habrá siempre una pregunta, ¿Qué sucedería si en vez de matar al mayordomo matan al jefe de la casa? Nunca lo sabré, pero solo sé que tengo que terminar de leer para poder informarme del final del libro, por eso nunca salimos del laberinto de las letras.

sopa de letras
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