Prólogo

Thor miraba desde el torreón más alto del panteón Nórdico. Llevaba días viendo desde las alturas a una chica humana. Era indescriptible, le había robado el corazón de tal forma que había olvidado por completo sus obligaciones como destinatario del trono de los dioses. Llevaba días sin comer, sin beber y sin hablar con nadie, excepto ver a esa chica. Odín entró en el cuarto de su hijo.

– No puedes estar así toda la vida, hijo -resumió su padre.

– No puedo olvidarme de ella, no puedo quitarme de la cabeza su belleza -explicó el dios del trueno.

– Su profecía dice que tiene que morir, y no puedes remediarlo, hijo –

Thor no desviaba la vista de aquella mujer, Odín veía en sus ojos, como el poder del trueno decaía, y si eso sucedía, Loki podría ocupar el trono que por derecho lo ocuparía Thor. Loki esperaba paciente la llegada de su momento pletórico, cuando Thor tuviera las defensas bajas y su poder de dominio mínimo.

– No esperaba esto de ti hijo, el poder del trueno te está debilitando por esa mujer…déjala, es una humana.

– Aunque sea humana, yo la veo como si fuera una de nuestras aesir -le recriminó el chico.

Odín se le quedo mirando un buen rato, y acto seguido, el panteón nórdico tembló, una de las cuatro pilares que sostenían el mundo de lo supremo, había caído, dejando tres columnas a mercer de todo.

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