El Señor de los Anillos y Tolkien

Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo.
Siete para los Señores Enanos en casas de piedra.
Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir.
Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro
en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.
Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos,
un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas
en la Tierra de Mordor donde se extienden las sombras.

El Señor de los Anillos y su prólogo, El Hobbit, pertenecen, desde mi punto de vista, a un pequeño grupo de libros, canciones y poemas que he compartido con otras personas. Los más extraños desconocidos parecen conocerlos, y hablamos acerca de Gandalf, Gollum o el Puente de Khazad-dûm mientras la fiesta, la clase o el tren se alejan inadvertidamente de nosotros. Viejos amigos los redescubren, como yo mismo lo hago –rebuscar en cualquier libro de la Trilogía es verse atrapado una vez más en el conjunto de la Leyenda- y hablamos de ello como si lo hubiéramos leído por vez primera, y como si estuviéramos recordando algo que nos hubiera sucedido a los dos mucho tiempo atrás. Algo de nosotros ha pasado a formar parte de la historia, y ahora esta nos pertenece.
La Tierra Media, es un poco como nuestra tierra, algo mítica quizás, pero no demasiado. Su luz es la de los largos veranos de nuestra infancia, y sus pesadillas son como las de los niños: sobrecogedoras visiones de poder, sombras frías que bloquean para siempre la luz del sol. Pero las fuerzas que controlan las vidas de los habitantes de la Tierra Media son las mismas que las nuestras: tradición, azar y deseo. Es un mundo repleto de oportunidades, sujeto a las leyes naturales, y únicamente separado por una delgada piel del caos aullante y primario que espera en el exterior de cualquier mundo; no es Oz, ni el País de las Maravillas, sino un mundo repleto de cosas y personas, olores y estaciones, como el nuestro.
El Hobbit nos sirve de introducción tanto a la Tierra Media como a la historia del Anillo Único. Los Hobbits son una gente pequeña, que viven en madrigueras, ligeramente más pequeños que los Enanos: de pies peludos, amables labradores y jardineros, aficionados a los fuegos artificiales, las canciones y el tabaco, con cierta inclinación a la corpulencia y a la composición de árboles genealógicos. En este libro el Hobbit Bilbo Bolsón acompaña a trece enanos y a un mago llamado Gandalf en la búsqueda de un tesoro que un dragón les arrebató siglos atrás. Durante el viaje, Bilbo encuentra un anillo mágico y se lo lleva a casa, como un recuerdo. Su poder, por lo que él sabe, consiste en volver invisible al portador, lo cual resulta útil si tienes interés en evitar a tías y a dragones, y Bilbo lo usa una o dos veces para ambos propósitos. Pero no lo usa para casi nada más durante los sesenta años en que lo tiene en su poder; lo lleva en el bolsillo, sujeto a una cadena de oro

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