Llegamos al campamento

Aquella noche, tal vez, por el reloj del salpidero del coche, hacía dos grados. El coche había salido de Cabo de Palos en dirección Cartagena. Cuando abrí los ojos de nuevo, me encontré con un pórtico delante de mí. Pude leer, gracias a lo que sabía de latín, que aquel sitio era nuestro destino. Un campamento especial para chicos como yo.

– Bienvenido al campamento de los semidioses, aquí estarás más seguro -aseguró Quirón

Entre dentro del campamento junto con Quirón y me quedé observando que en aquel extraño campamaneto se reunían toda clase de criaturas mágicas habidas y por haber, faunos, ninfas del bosque, elfos, hijos de Ares y de Apolo, hijos de Poseidón y de Atena, y mi cabaña, una de colores vivos y plateados, receba con el rayo el nombre de Zeus.

– Es poco frecuente que nazca un hijo de los tres grandes. Zeus, Poseidón y Hades. Puedes suponer una amenzada.

– ¿Una Amenaza? ¿Para quien? –

– Para los hermanos de Zeus –

No entendía nada, ¿Yo una amenzada para los dos dioses más grandes a parte de mi padre? No podía ser cierto, no podía ser una amenzada para el dios del mar y el dios del inframundo. No podía estar pasando en verdad, era un sueño, y tarde o temprano había que despertar.

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