Hades me busca; y yo me escondo.

Alberich y yo nos quedamos en silencio. El rayo de mi padre había sido robado una segunda vez. Yo no tenía mucha experiencia sobre los dioses griegos, pero si se roban las cosas dos veces o incluso más, en el Olimpo tienen un problema de inteligencia emocional. Me quedé mirando el cielo de nuevo, las nubes habían aumentado de oscuridad. Parecía que la tormenta tendría muchas circunstancias horribles para todos los habitantes de la Región en la que estábamos.

– Esto no me gusta. Thalia -dijo la voz potente de Quirón -lleva a Pablo al escondite, Alberich será mejor que le acompañes.

– ¿Quien viene? -preguntó Thalia.

– Hades -respondió el musculitos de la clase de Kulkor.

En seguida, Alberich se levantó al igual que Thalia, quien prácticamente me llevaba ella a mí en vez de mis piernas. El escondite era una cabaña subterránea que habían construido los fundadores del campamento. Según Thalia, estaba abastecida para albergar a todo el campamento, pero por aquella necesidad de esconder a dos personas, la cabaña se tornó a una pequeña casa, bien iluminada y bien provista de comida que se generaban por sí solas tras cuatro horas. Thalia salió por la puerta y nosotros nos quedamos en silencio, en aquel escondite del campamento. Si Hades podía llegar al campamento, ¿Qué otra cosa podía llegar antes de que Zeus recuperase su rayo?

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