Zeus se me aparece en sueños.

Estuvimos, Alberich y yo, una hora, dos horas, ya no me acuerdo, escondidos en aquella especie de cabaña mágica. De pronto Thalia abrió la portezuela.

– Estás de suerte, no te buscan, Hades no sabe nada acerca de tu existencia. No sabe que Zeus te tiene a ti como hijo -explicó Thalia.

– ¿Entonces que hace Hades aquí? -preguntó Alberich.

– Solamente esta de paso, quería hablar con Kulkor y con Quirón para lo del rayo, y de momento no han encontrado el culpable -aseguró Thalia.

Me sentí por el momento aliviado, pero pensándolo mejor, ¿Porque me había puesto nervioso si yo no había robado el rayo de mi padre? Decidí suspirar ante la inexistente respuesta a mi pregunta mental. Thalia regresó al campamento, dejándonos a Alberich y a mi de nuevo en aquella mágica cabaña.

– ¿Qué pasa si digo que yo no sé nada del robo del rayo de mi padre? -pregunté a Alberich.

– ¿Estás loco? Si dices eso saldrás calcinado del Olimpo. Será mejor no decir nada, además, tu no robaste el rayo de tu padre. Es una tontería pensar en tí -argumentó Alberich

Nos quedamos callados, sentados como podíamos en el suelo. Había comida y bebida, pero ¿No habían camas? Al parecer aquella cabaña era solamente destinada a la comida y a la bebida para los que querían esconderse por algún tiempo. No sabía la hora que era, ni tampoco Alberich así que me dormí para poder descansar algo. Tuve un sueño muy raro. Me hallaba solo en una sala blanca, muy blanca, ante mí se extendía un amplio valle. De pronto, una persona, que por el aspecto debía rondar los setenta años, se me acercó y me sonrió.

– Perseo -me dijo.

¿Perseo? Se había equivocado de nombre, yo no era Perseo.

– Sé que tienes muchas preguntas que hacer…

– Y pocas respuestas que obtener -dije yo acabando su frase.

– Los acontecimientos actuales han pasado muy rápido. Hades visita el campamento, tú, te escondes con Alberich en la casa en que tu madre y yo te tuvimos. Has cambiado Perseo, has madurado –

– ¿Esto es real? -pregunté

– Es una representación del Olimpo. Y ese valle de ahí es Grecia en nuestra época. Pero alguien me ha robado el rayo maestro y ahora mis poderes se van marchitando -dijo Zeus

– ¿Acaso crees que yo robe el rayo? –

– No, ni mucho menos. No eres de esos hijos que roban a sus padres. Tu no robaste eso hijo mio. Pero quiero que hagas una cosa por mí. Quiero que recuperes el rayo. Podrás ir acompañado por tus nuevos amigos, y sé que tus mayores dones te mantendrán vivos en al batalla.

– ¿Y si fracaso? –

– No estarás solo, yo estaré guiándote por el camino correcto. Solo podrás llegar al rayo antes del solsticio de verano –

– En menos de un mes –

– Sí

Y entonces me despertaron de mi sueño o de lo que hubiera sido aquello. Por fin había visto a mi padre, y el me había visto a mi.

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