Corazón de Tiburón

La bahía de Holwer Brig estaba a oscuras. Era un mes de verano. La playa estaba sosegada, sumergida en la oscuridad de la noche. Las olas murmuraban pequeños susurros. Verónica Tropp miraba hacia el horizonte desde la terraza de su casa. Sin previo aviso su padre, Alexander Tropp, apareció de la nada a espaldas de la muchacha.

– Tengo miedo, Papá -comentó la chica nerviosa.

– La duda y el miedo, son dos conceptos que solo nos hace ser más temerosos. Y tú, hija mía, no eres ninguna miedica. Has demostrado muchísimo llegando hasta aquí, muchas chicas de Holwer Brig desearían llegar a donde estás tú ahora mismo -afirmó su padre mirando al horizonte.

– ¿Estarás conmigo? -preguntó Verónica observando a su padre.

– Solo si tú quieres -contestó su padre rodeándola con sus brazos fuertes y cariñosos.

Ambos volvieron a casa para soñar con la prueba de natación en aguas abiertas. Había sido un día muy ajetreado, tras la victoria que había cosechado durante la mañana de aquel día. Verónica se durmió soñando con ganar en trofeo de aguas abiertas de Holwer Brig. Nada más despertarse al día siguiente sus ojos se fueron a donde estaba el trofeo ganado la mañana anterior. Sonrió y se levantó buscando unas zapatillas, tanteando el suelo en la oscuridad. Encendió la luz y se visitó con lo primero que encontró en el armario. Su padre estaba sentado en el sofá desayunando mientras veía los entrenamientos de la Formula 1.

– Buenos días, Papá -saludo Verónica vertiendo un poco de leche en un vaso.

– Buenos días sirena -contestó Alexander sonriendo.

– ¿Para que te has despertado temprano? -quiso saber la muchacha mientras se sentaba en la mesa para desayunar.

– Para dos cosas, una para poder ver un poco de formula 1, y la segunda para dar de comer a los tiburones de la bahía este con Mike. -explicó el padre de Verónica incorporándose del sofá.

– Hoy iré con Vicky al centro comercial -dijo Vero

– ¿Para qué? -dijo la voz de Sofía, su madre, bajando por las escaleras -buenos días.

– Buenos días mamá. Vicky y yo hemos pensado en comprar unos bañadores para la prueba de aguas abiertas del próximo domingo -explicó Verónica bebiendo la leche de su taza.

– Entiendo -dijo Sofía entrando en la cocina -¿donde está Trueno?

– Está en mi habitación -respondió Verónica.

Cómo un resorte, el perro de la familia Tropp, bajó las escaleras al oír su nombre. El pequeño pastor Alemán había adquirido unos dotes auditivos que envidiarían al pobre Rex, un policía diferente. Alexander se despidió de su hija y de su mujer antes de marcharse con MIke, el encargado del estanco de tiburones que el padre de Vero tenía cómo alquilado.

– El próximo marte, ya sea de paso, Nico y yo iremos a una reunión con la tribu de Martin ¿Me dejarías ir? -preguntó la chica mirando a su madre que sorbía su café en una taza.

– No sé…bueno, primero estudia y luego hablamos -contestó su madre sonriendo.

– Ya no estoy en primaria, mamá, estoy en secundaria, y has de admitir que estudio de otra forma -replicó irónicamente Verónica.

– Lo sé -volvió a responder su madre -por eso debes de repasar día a día.

Madre e hija se miraron y sonrieron. La familia Tropp era feliz, pero sobre todo, eran felices porque Verónica se proponía cada día una pequeña meta para poder agradecer a su familia el trabajo que estaban haciendo con ella para poder disfrutar de su deporte favorito, la natación en las templadas aguas de la bahía de Holwer Brig.

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