Capitulo 3

El chico llegó con tiempo de sobra al portón de la casa de Verónica. Nico esperó pacientemente a que su amiga bajara a la calle. Tras cinco minutos de espera, Verónica salió del porche, dejando impresionado a su amigo. La chica iba vestida con vaqueros apretados, zapatillas Vans, una blusa azul celeste e iba muy maquillada en los pómulos y en las cejas remarcando sus ojos azules, en definitiva, Verónica estaba guapa.

–         Hola, Nico –saludo su amiga

–         Hola, Verónica. Estás muy guapa –

–         Gracias. ¿Te apetece dar un paseo hasta el puerto? –

–         Sí, claro.

Ambos compañeros de clase caminaron en silencio gran parte del trayecto hacia el puerto y a la zona con más influencia de juventud de la ciudad marítima de Cartagena. Verónica estaba callada, una actuación poco frecuente en una chica abierta como lo era ella en el recinto escolar.

–         Te preguntarás porque he querido hablar contigo esta noche –dijo por fin la chica.

–         Pues no, la verdad –

–         Quiero hablar contigo porque sé que eres atento a lo que se te dicen y quiero decirte todo lo que me presiona –anunció la chica soltando alguna que otra lagrimilla.

–         ¿Quieres sentarte? –prepuso el chico

–         Vale –accedió la muchacha.

Ambos amigos se sentaron en el LlaoLlao de las Puertas de Murcia. Verónica parecía afectada por algo que Nico no sabía exactamente.

–         Quiero desahogarme contigo, Nico –

–         Dime, yo te escucho

–         Sé que todos tus amigos te dirán que soy una…bueno…ya lo sabes…una mujer que trafica con su cuerpo por dinero –

–         ¿Quién te lo dice? –

–         Borja, Mario, Kevin y todos estos –sentenció la chica.

–         ¿De verdad te dicen esas cosas?

–         Sí. Y he aguantado desde principios de curso, sé que mi aspecto dice mucho que pensar de mí, pero lo que ellos no saben es que tengo a una madre en el hospital y a un padre en la cárcel que no me dejan verlo –explicó antes de llorar a lágrima suelta.

–         Verónica, si quieres que haga algo por ti, lo que sea, dímelo por favor –

La chica asintió con la cabeza con la cara escondida entre sus manos. Verla así despertaba en Nico el lado más sensible que poseía en su interior. Nunca le habían dicho que sus amigos se habían metido con aquella chica truncada por la mala suerte en la vida.

–         Además, mi sueño es ser escritora, pero sé que cuando llegue el lunes todos se reirán de mí, porque pensarán que ese no será mi oficio el día de mañana, sino que seré lo que te he dicho antes –

–         Verónica no pienses en eso. El lunes hablaré con Borja, y con todos estos y solucionaremos el problema…

–         Nico, ¿es que no entiendes el problema? El problema de todo estoy soy yo. He estado en más de una ocasión tentada de suicidarme, pero si no llega a ser por mi abuela Josefina yo no estaría ahora hablando contigo. Nico, tengo miedo de que el día de mañana sea lo que tus amigos dicen de mí-

–         Verónica, no permitiré que te traten mal, no me esperaba nada de esto, pero al verte así, bueno…no quiero verte así, porque yo te brindaré mi ayuda todo lo que tú quieras –sentenció el chico.

–         Eres muy amable en serio…-

–         ¿Desean tomar algo? –interrumpió un camarero

–         Sí, dos granizados de limón –contestó Nico

Cuando el camarero se marchaba con las consumiciones pedidas, Verónica siguió con su pedorreta de insultos que le habían dichos los amigos de Nico, quien sorprendido escuchaba todos los motes despectivos que su compañera de clase le decía.

–         Mañana hablaré sin falta con mi grupo y les diré las cosas claras. –prometió el chico.

–         Gracias –respondió Verónica con una tímida sonrisa –eres muy amable escuchando todo lo estúpido de esta chica.

–         Eh, no digas eso, yo solo he venido porque quiero decirte que aquí tienes mi ayuda, y que puedes confiar en mí.

–         Gracias, Nico –

–         De nada

Los dos amigos cenaron en el Galeón antes de marcharse a sus respectivas casas para acabar por aquella noche su intensa conversación.

Al día siguiente, Nico, cansado por la noche anterior, se levantó a las once, cuando su madre, dispuesta a jugarle una mala pasada, encendió el reproductor de música y la voz gangosa de Eros Ramanzzotti interrumpió el silencio y el sueño del muchacho con la canción “No estamos solos

Son las ganas de cambiar la realidad

Las que hacen que me sienta vivo

Buscaré los que quieren como yo

Ese sueño realizar….

 

En un libro que no se llego a escribir

Leo normas para usar la vida

Pero yo se que ninguna seguiré

Viviré el momento…

–         Ya va…ya va…-respondió Nico debajo de las sábanas mientras que la voz de Ricky Martin y de Eros Ramanzzotti se iban apagando

–         Venga, que son las onces. –

–         ¿Las once? –preguntó alarmado el chico

–         Sí las once, ¿Por qué?

–         Porque a las doce y media hemos quedado mis amigo y yo en jugar un partido de fútbol en Los Alcázares –

–         Pues estás de suerte, a las doce y cuarto tengo que estar ahí, te vienes conmigo –comentó su padre asomando la cabeza por la puerta.

El chico se levantó al fin de la cama y tanteo el suelo en busca de las zapatillas. Cuando sintió que sus pies estaban abrigados por las zapatillas de andar por casa se dirigió al baño, se lavo la cara y salió en dirección a la cocina para desayunar antes de arreglarse y preparar los útiles que necesitaría para el partido con sus amigo.

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