4-0 y la rodilla fracturada.

– Chicos, seguimos igual, basculando el balón de izquierda a derecha. Si no podemos avanzar retrasamos el balón, los centrales os abriréis para que os vean lo mediocampistas. Erik, irás a la derecha en cuanto Andreu tenga la posición del balón. Martins, tu apoyarás a Andreu a la izquierda, os abriréis, y cuando los laterales suban, os vais para el centro. ¿Está claro?

Yo me levanté de nuevo, había marcado un gol por Beatriz, aunque el partido se nos intuía a favor nuestra, no nos podíamos confiar, íbamos 2-0, pero también sabíamos que nuestros puntos débiles eran los balones parados, y los contraataques rivales. Salimos al campo para dar juego a la segunda parte. Erik, Martins y yo conversamos en el centro del campo sobre las jugadas de estrategias que habíamos ensañado en los entrenamientos, sobre todo en las faltas. El arbitró miro si estábamos en nuestros sitios y se llevó el silbato a la boca para decretar el comienzo de la segunda parte. El balón iba y venía por las bandas,  y por el centro, cuando yo llevaba el balón, dos jugadores me hacían falta, provocando que no hiciéramos el mismo juego que habíamos desplegado en la segunda parte. En una ocasión, Erik se abrió a la banda, y yo con un pase largo, hice que la defensa dejara a Martins solo, para rematar de cabeza, que impacto en el palo. Pero yo ya estaba en el rebote, le dí un golpe suave y el balón entro. 3-0, y mi segundo gol particular, con la misma celebración que cuando marqué el primer gol de mi cuenta.

– !Intensidad! -pedía nuestro entrenador a los mediocampistas -Jaime, no la pierdas ahí, mira atrás y empezamos de nuevo.

Apoye en un corner rival, y Erik y yo nos fuimos al contraataque. Cuando me disponía a chutar, el portero se dirigió a mi, y con una entrada brutal, me golpeo la rodilla. Grite, pero no me deje caer al suelo, chute el balón y marque el tercer gol en mi cuenta particular. También lo celebre como había echo en el primero y en el segundo, sin importarme el dolor de la rodilla.

– Andreu ¿Estás bien? -me preguntó Erik

– Sí, es solo un golpe, tranquilo

Pero no era un solo golpe, me había dado en la rodilla, y me dolía mucho, pero no quería comportarme como una nenaza que llora porque le han rozado. No me iría del campo sin luchar hasta el último minuto del partido porque amaba a Beatriz, y porque ella era mi ídolo en mi vida personal.

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