Un primer capitulo.

El despertador resonó en toda la habitación. No había ningún rincón que no sintiera el martillazo del despertador repiqueteando por las paredes y por las vigas del techo. Pablo abrió lentamente los ojos y se fue incorporando poco a poco mientras emitía un prolongado bostezo. Detuvo el infernal sonido del despertador, y busco a tientas las zapatillas para salir a la cocina. Nada más salir al pasillo tiritó de frío provocado por una corriente de aire que venía de la galería.

– Buenos días Pablo -le saludo su padre levantándose de la silla para dejar su taza en el fregadero.

– Buenos días, papá….-le correspondió con un bostezo.

El chico, lentamente, cogió una taza del armario y con pasos cansados, abrió el frigorífico para sacar el cartón de la leche.  Volvió a la encimera vertió la leche en la taza, y la metió en el microondas para calentarla. Mientras la leche giraba en el microondas, alargo el brazo y de otro armario saco el bote de Cola-Cao para que, una vez retirado la taza del microondas, pudiera verter un par de cucharadas en su vaso. Elaborado el ritual de iniciación del desayuno se sentó a la mesa para beber el cola-cao que se había preparado. Miró su reloj y las manecillas decretaban las siete de la mañana. Por fortuna era Viernes, el último día de la semana. Nada más terminar de desayunar, volvió a entrar en su cuarto para cambiarse y salir pitando hacía el instituto, no sin antes pasar por la casa de Paula.

– ¿Preparado para el último día de la semana? -inquirió la chica nada más ver a su amigo

– Te lo diré cuando se acaban las clases -le respondió él

– ¿Has echo el trabajo del profesor de Lengua? -inquirió la chica

– Bueno…depende –

– ¿Cómo que depende? –

– Depende de cuanto quiere de redacción el señor Alejandro -le contestó Pablo con aire irónico

– Tú y tus ironías –

– Por eso te enamoraste del “menda” ¿no crees? –

– Perdona….-saltó la chica sonriendo -fuiste tú quien me pidió salir ¿no lo recuerdas, pequeño Einstein? –

– ¿No fue al revés?

– No…me acuerdo perfectamente como si fuese ayer

– Ya…¿Crees que soy tonto? –

– No eres tonto -opinó la chica -un poco inútil, si que eres.

– Serás….-

Ambos se llevaban muy bien, su romance había comenzado durante el verano, en la casa de Cabo de Palos. Paula era delgada, pelo rubio brillante, ojos verdes y redondos, alegre, inteligente, observadora, y muy cariñosa con todos. Pablo era alto, no muy musculoso, gracioso, valiente, y muy observador.

– ¿Crees que hoy dirá la nota del examen de matemáticas? -preguntó dubitativa Paula.

– ¿Del último examen que hicimos? –

– Sí

– Yo creo que sí….además, el dijo que hoy íbamos a dedicar la clase a ver el examen, pero no sé para que preguntas, si sabes que has suspendido -le contestó sonriendo

– Y después me dices que empiezo yo -reprochó irónicamente Paula agarrando del brazo a Pablo.

El instituto quedaba a menos de veinte minutos desde la casa de Pablo. El complejo educativo en el que estudiaban era el más grande de la ciudad. Con tres pistas de fútbol sala, dos de baloncesto, y un pabellón reservado para los acontecimientos más importantes, constituían los edificios del recinto escolar. En el instituto se impartían las clases hasta segundo de bachiller, empezando eso sí, con infantil. Paula había ingresado con doce años al instituto, y Pablo llevaba toda su vida entre las paredes de aquel complejo estudiantil.

– ¿Has quedado con el grupo para ir a dar una vuelta esta noche? -preguntó la chica cuando cruzaban el paso de cebras  hacía el instituto.

– No pueden quedar esta noche, Borja se va con su familia a Madrid, Patricia se va a París con su tío, Ángel se va a Segovia con su novia, y Martina se iba con Guille al concierto de Beyoncé en el Palau de Barcelona. Así que sólo quedamos tú y yo. Dime que quieres que hagamos esta noche y lo hacemos

– Pues no sé…¿Y si cenamos en el Galeón? -propuso la chica

– ¿Galeón? –

– Sí…si no quieres nos vamos a otro –

– No, el galeón está bien. ¿A que hora te recojo? Bueno, si luego te veo…

– Cada vez eres más tontito

– Gracias pequeña

Antes de despedirse hasta la hora de la salida se besaron para afrontar el último día de la semana con buen pie.

– Luego te veo, bichito

– Hasta luego, parásito -le respondió Paula sacando la lengua mientras sonreía

Pablo la vio perderse entre la marea de alumnos que se dirigian hacia sus respectivas clases. En ese momento, Borja y Guille subían por las escaleras.

– Ey….Buenos días ¿Dispuesto a comenzar la clase con la “Mofff“? –

– ¿Cuantas horas tocan con ella? –

– Dos horas

– Pues te lo diré cuando acaben esas dos horas….a ver si salimos vivos del campo de batalla que se nos viene encima

Los soldados van a la batalla, dispuestos a ganar a la Mofff.…-ironizó Guille cuando entraban en la clase.

 

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