La Sección B12

Edward y Verónica salieron de la casa del Risco Alto para dirigirse a los edificios emblemáticos del pueblo. El camino hasta el centro del pueblo era largo, veinte minutos no te los quitaba nadie, y Edward lo sabía. Verónica al contrario no sabía que el camino fuese tan largo, así que le preguntó cuanto les quedaban para llegar y para que Edward le contara aquella historia del día anterior. Los primeros viandantes del pueblo saludaron al muchacho, y una pareja con un bebé en un carricoche, les preguntaron por el abuelo de Edward. El ayuntamiento se perfiló entre los edificios del pueblo.

– Ese es el ayuntamiento, ya lo conocerás de ayer me imagino -le explicó el chico.

– Sí, por desgracia, sí –

Edward giró en una esquina, cerca de la puerta principal del Ayuntamiento. Era un callejón que acababa en la calle de la Biblioteca.

– ¿Vamos a entrar ahí? -preguntó la chica

– Para conocer las raíces de un pueblo tienes que documentarte bien, o si no, después será todo un lío -afirmó el chico.

Las puertas correderas de la biblioteca se abrieron en cuento Edward puso el pie en el descansillo de la puerta. Una anciana señora, con arrugas por toda la cara, les recibió con una sonrisa amable.

– Señora Astrade…a la sección B12 por  favor –

– Sí….ya lo sé, vuestra sección -respondió la anciana

– ¿Cómo que la sección B12, la de vosotros? -preguntó en voz baja Verónica.

– Ya lo verás –

Verónica cohibida por la sección B12 de la biblioteca se mantenía al margen de la anciana y de Edward. ¿Qué sección era aquella? Los tres subieron por un desvencijado ascensor hasta alcanzar las infinidades de un pasillo, en donde, la letra B brillaba con los rayos matutinos del sol.

– Al fondo a la izquierda encontrarás la sección B12 -comentó la anciana volviendo al ascensor -por cierto él esta muy enfadado contigo

– Lo sé

La chica miró a los dos. ¿Quien estaba enfadado con Edward?

– ¿Quién está enfadado contigo?

– Nadie, uno del pueblo. Vamos

Ambos se adentraron en el pasillo de la sección B, hasta llegar al pasillo 12 en donde infinidad de libros, eso sí, antiguos enfilaban un camino largo que recorría toda la biblioteca.

– El pasillo más largo de este edificio. Ahora quiero que no te sueltes de mi brazo ¿entendido? –

– Vale –

Y lentamente, Verónica agarró el brazo de Edward, este respiro profundamente y comenzó a andar con un paso bastante ligero.

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