El odio vs la tranquilidad.

Los ángeles caídos le miraban con desprecio y con aberración. No estaban acostumbrados a su presencia. Todos iban con armas fabricadas por sus asquerosas manos, pequeñas y mal fabricabas. Su líder, arriba, muy superior a sus súbditos, le miraba con odio y rabia.

– ¿Por qué osas pasas la línea de mis dominios, sin tu guardia personal? -preguntó con una voz odiosa y maldita

– Porque no me hace falta venir con mi legión de ángeles, si puedo yo doblegarte con mis propias palabras -argumentó con tranquilidad

– Maldito el día en que pensaste venir a mis tierras –

– Soy dueño y señor de todos, soy yo quien puede decir cuando y donde caminar -concluyó con mirada tranquila con una pose sin turbaciones.

– Tú fuerza en mis lugares no tienen la habilidad que tienes tú fuera de aquí –

– Sigo teniendo el poder de hacerte caer en rodillas ante mi presencia -declaró con voz potente

El ser horrible le mantuvo la mirada, le odiaba, le hacia sentir rabia. En cambio, Él, mantenía la aptitud de tranquilidad, de sinceridad, y de majestuosidad. Los seres le miraban con odio, al igual que su líder.

– Se acabó el momento, serás maldecido por todos los espíritus que pueblan este lugar –

Pero acto seguido, desapareció dejando tras de sí una estela blanca. Los seres oscuros miraron a su líder confusos. Él lleno de odio, bajó los escalones que le separaban de sus leales súbditos.

– Encontrarle, buscad hasta el último rincón. Lo quiero en mis dominios -mandó la criatura lleno de odio, indicando la misión de sus súbditos.

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