Adelanto de “Los Latidos De Un Corazón Enamorado”

Libro dedicado a: Rocío Martinez Valero. 

A todos los que tienen un amor verdadero y para siempre.

PRÓLOGO.

Cartagena; 17 de Diciembre de 2014

Querida Familia:
Encontré una historia en uno de los muchos cajones de mi casa de Cartagena. Mi padre me dijo un día, que las buenas personas se quedaban con nosotros y que no partían. El abuelo Alexis me demostró que las personas a las que amamos siempre estarán en nuestros corazones, en cada latido de nuestros corazones. Un día me contó una bonita historia de amor pero dolorosa a la vez marcada por un destino decretado por la vida de una persona. Me contó la historia de la abuela Laila. Al principio, papá, me dijo que el abuelo había sufrido mucho durante toda la vida, y que esperaba el momento de decir un simple “hasta luego” a nosotros, su familia, para volver a reunirse con la abuela Laila. Esta historia que os cuento ahora me sucedió a mí, cuando el abuelo nos dejó. Cuando me diagnosticaron el mismo cáncer que el abuelo. Pero me di cuenta de que nuestra vida está ligada a ciertas personas que nos dan a entender que la vida es mucho mejor si sonreímos ante nuestros problemas. Tengo dieciocho años y en estos años he aprendido que si una persona nos quiere tenemos que cuidar ese amor para que dure toda la vida. El destino encuentra en nuestras vidas un fragmento que llevábamos siempre con nosotros que pertenece a una persona que ha entrado en nuestra vida. Y esta historia; es una historia más, de amor y de dolor a la vez, parecida a la historia que me contó en su día el Abuelo Alexis sobre la abuela Laila. Es un buen momento para empezar a contar que las personas que aquí aparecen, han influido de tal manera en mí. Ahora en la habitación de residencia de periodismo, me pregunto, cómo seguirá ella, si cumplió lo que verdaderamente me dijo hace dos semanas. Si verdaderamente se licenció en periodismo en la facultad de Navarra y se fue a Estados Unidos a vivir con aquel chico, un joven escritor. Miro el cuadro y me doy cuenta de que gracias a ella he aprendido que la vida es cuestión de vivir el momento, y que el destino está en nuestras vidas esperando el momento justo para dar comienzo su función dentro de un teatro improvisado por el amor.
Firmado: Nico Olson Der Wanger.

CAPÍTULO 1

Una mañana de Septiembre en un punto de la ciudad

Recuerdo el día que entré por primera vez en depresión. Fue hace tres años. Cuando el abuelo Francesc nos dejó por cáncer de pulmón. Una depresión insoportable. Para mí y para mis padres. Tener catorce años y tener depresión no es bueno. Miras una página de internet y los resultados que salen se relacionan a la muerte. Lo bueno de todo esto es que no tengo que ir a los grupos de asociación para poder levantar mi ánimo. Mis padres me insistieron a ir pero no quería. Quería sentirme por unos días como si todo no hubiera pasado, como si el abuelo Francesc estuviera aún con nosotros. Ese era mi protocolo de seguridad. Pensar que mi abuelo no nos había abandonado, simplemente había hecho un viaje para no volver. Me llamó Paula por la madre del abuelo, un nombre que no me gusta. La vida te ofrece oportunidades pero no puedes elegir el nombre que te han puesto, ni puedes controlar la vida de una persona, a no ser, que acabes enamorándote de esa persona. Enamorarse. Es una palabra fuerte. Porque nunca me he enamorado. ¿Y quién se quiere enamorar de una depresiva como yo? Mi vida ha sido y sigue siendo un completo infierno. Todo empezó aquel día. El primer día de clase. Septiembre.
– Señorita Miralles
– Presente –susurré
La verdad es que mi apellido no era para nada “español” cómo dirían aquí. No quiero entrar en política porque ni me va ni me viene, prefiero hablaros de mi vida, antes que hablar de política. El silencio adueño la clase hasta que la profesora nombró a otro alumno.
– Nico Olson
– Presente
Retened ese nombre. Nico Olson. La pesadilla que jamás podéis encontrar. Y sí, estáis en lo cierto, me enamoré locamente de él. Fue un chispazo. En el momento oportuno mi mirada coincidió con la suya. Era una mirada encantadora. Y no es que ahora me vaya a poner a describiros la intensidad de su mirada, en aquellos días pasaba un poco de las novelas románticas, y de toda clase de niñadas para demostrar el amor. ¿Existe el amor? Es una de las preguntas que siempre me hacía. Y la respuesta era la misma. “Existía el amor para la gente que vivía con amor”. Lo bueno hubiera sido que al coincidir con su mirada escuchara de fondo la banda sonora de “Piratas Del Caribe” la canción que le gustaba a mi padre. Decía que motivaba a seguir adelante con la vida. Cosa que a mí no me resultaba efectivo. Siguiendo con la mirada de aquel chico, no recordaba ninguna sonrisa parecida a la suya. Era perfecta. Y sí, no hay que negarlo, era guapo. Durante la hora de clase su mirada iba directamente a mis ojos. ¿Qué pretendía mirándome? No lo entendía. Los chicos eran tan superficiales. Y esa sonrisa. El timbre sonó de la hora. Yo agaché la cabeza y saque de mi mochila mi pequeño diario. Al rato alguien me lo quitaba de las manos. Y al alzar la mirada le ví demasiado cerca de mí.
– ¿Un diario? –preguntó dejándolo encima de mi mensa
– Sí…Es un diario –afirme
– Ya lo sabía –respondió escribiendo sobre su rostro su sonrisa
– Entonces ¿Para qué preguntas si ya lo sabes?
– Porque quería hablar contigo
– Ah…
– ¿Sabes que eres guapa?
Noté como mis mejillas adquirían el color del rojo vivo a mil grados. Él ni se inmutó y coincidió con mi mirada.
– No lo soy
– Sí lo eres. Más que las que están aquí
– ¿Y por qué dices eso?
– Porque no quiero privarme del sencillo placer de decir la verdad –responde sentándose en el escritorio delantero.
– Sabes que no es verdad.
– Para mí si es verdad.
No daba crédito a lo que él, un chico atractivo y guapo, me estaba diciendo, una chica depresiva, que no se miraba al espejo por miedo a tener otra depresión al ver su imagen reflejada en el espejo de la habitación. Clavé su mirada en la de él. Mis mejillas aún ardían al rojo vivo.
– ¿No te vas a presentar?
– Ya has escuchado mi nombre –no quería darle explicaciones acerca de mi nombre
– No lo oído completo.
– Paula Miralles Bernal –le digo
– Precioso nombre
– No es para tanto.
– Para mí sí
Y una sonrisa cruza su rostro. Su mirada brillaba. Mi madre me dijo en una ocasión que: Los ojos que brillan es que su corazón está enamorado. Pero claro, para mí, el estar enamorado es un infierno y no es el paraíso. La única canción de amor que escuchaba era las de Erros Ramanzzotti. No era por mí. Era el grupo preferido de mi padre. La profesora de la nueva clase entró en el aula. Era mi salvadora. El chico que había hablado conmigo se levantó y se sentó en su sitio. Le vi sentarse. Se giro y me sonrió. Las clases avanzaban. Desesperadas y lentas. Odiaba las matemáticas. Suspire. Era el primer día del instituto y no tenía ganas de seguir con eso. Al fin. El timbre final de las tres primeras horas decretó la hora del recreo. Una hora de libertad juvenil. Recogí todo y salí de la clase. Nico me esperaba fuera. Esa sonrisa…
– ¿Por qué me esperas?
– ¿Es que no puedo esperarte?
No lo entendía. ¿Por qué se interesaba en mí? No sabía lo que yo podía ser. Era una bomba de relojería a punto de estallar en el momento inesperado, y no quería hacerle daño. No a un chico tan perfecto como él. Caminé con la mirada pegada al suelo, él no paraba de mirarme y de sonreír.
– ¿Debo saber por qué me miras tanto?
– Porque eres preciosa
Yo agaché aún más la cabeza. Y él seguía sonriendo y clavando su mirada en mis mejillas ardientes.
– ¿Y en qué te basas para decirlo?
– En tu mirada.
– ¿En mi mirada?
– Es la mirada más brillante que he visto en mi vida.
– Si estás intentando ligar conmigo te aconsejo que no sigas intentándolo.
– No estoy ligando contigo, te estoy diciendo la verdad.
– Pues es una extraña forma de decir la verdad.
Nos sentamos en un banco que había en mitad del patio. Un banco que pasaba desapercibido para el resto de los alumnos que corrían por todos los lados del enorme patio.
– Cuéntame tu historia –me pide aquel chico que no deja de mirarme
– ¿Por qué? –pregunté
– Porque si queremos ser amigos, tendremos que saber algo acerca del otro ¿no?
– ¿Y quién te ha dicho que vayamos a ser amigos?
– El destino
– ¿Crees en el destino? –alcé una ceja. No estaba acostumbrada que los chicos creyeran en el destino.
– Sí. Y por eso te pido que me cuentes tu historia.
– ¿Qué quieres saber de mí? –me di por vencida sabiendo que me sería imposible ocultarle mi verdadera historia
– Todo. Nacimiento. Infancia. Quiero saber todo de ti Paula Miralles
– Me gustaría que no dijeses mi apellido, por favor,
– Está bien. Me gustaría saber todo de ti, Paula “Sin Miralles”
Si lo hizo para picarme nunca lo sabría, pero no me enfadé con aquel chico tan perfecto y comencé a decirle todo lo que pedía. Mi nacimiento, mi infancia, omitiendo la parte de la depresión, cosa que a ciencia cierta él iba a saber en un futuro, espero que lejano, y le conté todo lo que hacía en esos días.
– Bonita historia. Sencilla, y omitiendo una parte de verdad.
– Te lo he contado todo
– No, todo no. Has omitido que estuviste a punto de suicidarte, y de que has pasado por una depresión.
– ¿Y cómo lo sabes?
– Lo dicen tus ojos. Cuando alguien ha sufrido algo lo veo en sus ojos
– ¿Es que ahora te da por observar a las personas?
– A ciertas personas, sí.
No soportaba aquel trato. Demasiadas confianzas se estaban dando.
– Y ahora te toca a ti –le dije cruzándome de brazos –Tu historia. Quiero saberla.
– No te gustaría saberla –dice expresando con las cejas sus ganas de reír.
– ¿Por qué? –pregunté alzando las cejas
– Porque no te gustará saber qué es lo que me pasa.
– Yo te he contado mi historia. Ahora te toca a ti.
– Está bien, pero te advierto, es una historia larga y muy difícil.
– Vale, te escucho.
En veinte minutos, Nico Olson, me contó toda su historia. Y yo es no le creyera si no que daba a entender que todo lo que estaba contado era mentira. Pero si miras a sus ojos y te das cuenta de que dice la verdad, entonces, no tienes más remedio que creer lo que te está contando. Lo extraño del caso es que aquella conversación iba a significar mucho en mi vida. Sin pensar que dentro de dos semanas, mi vida, iba a sufrir un cambio de ciento ochenta grados.
– ¿Entonces tienes cáncer? –pregunté cuando él termino de contar su historia
– Tenía –responde sin dejar de sonreír como si aquel tema no tuviera la importancia que yo le daba.
– ¿Y dónde crees que sale la perfección?
– De la imperfección, claramente –me impresionó lo que mi abuelo Francesc me decía “La perfección nace de la imperfección y va a la perfección”.
El timbre del descanso acabó y volvimos a subir las escaleras en dirección a la clase. Nico no dejaba de mirarme mientras yo mantenía la cabeza pegada a mi barbilla. Sin saber que al finalizar el día iba a experimentar mi primer cambio en las dos semanas que restaban del mes

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